Subscribe:

Blogroll

sábado, 6 de diciembre de 2008

Mi manca...

“Mi manca” en italiano quiere decir “echo de menos” (literlamente “me falta”, que hay que reconocer que se explican bien cuando quieren).
Acabo de llegar de Roma, de una visita relámpago en la que he podido reencontrarme con tantas personas, tantos recuerdos y tantos sentimientos, que mucho me temo que os queda más de un post romano (estos dos días han dado para muchas intuiciones).
Creo que ya he contado que viví en Roma tres años en los que estuve estudiando para obtener la Licenciatura en Sagrada Escritura. Fueron tres años preciosos e inolvidables que me han marcado para siempre. Que hoy "mi mancano", que hoy echo de menos.
“Bentornato a casa!”... así me saludó uno de mis amigos al llegar a Roma. Va y me lo suelta así, y yo sonrío y disimulo (pero por dentro me emociono). Porque de algún modo es así como me siento, he vuelto a casa.

Llegué recién ordenado sacerdote y me sentía un extraño en aquella ciudad de locos. Me costó, y mucho. Después entré en el misterio de la soledad, del asombro, de la confianza en Dios, y aprendí a agradecer el tiempo que debía pasar en aquella ciudad. Finalmente, cuando volvía a España (¿quién lo diría?), me subí llorando al avión y me despedí llorando de todo lo que allí dejaba.
En Roma encontré amigos y compañeros que me ayudaron a superar las dificultades con su cercanía, su sonrisa, su sencillez... descubrí sacerdotes y religiosas capaces de amar a Dios y al hermano sin más aspavientos (sólo porque merece la pena hacerlo). Años después me acerco a Roma para acompañar a una de mis compañeras cuando alcanza el doctorado y lo más bonito es que, al reencontrarnos después de tres años sin vernos, me siento como si hubiésemos salido ayer de la Biblioteca y nos hubiésemos dicho “A domani!”, como tantas tardes hicimos. Hay lazos que no se deshacen nunca.
Allí encontré un grupo de chavales geniales, cada uno con su vida, con su historia, con sus miedos y proyectos, necesitados de Dios y de los demás... ellos me enseñaron a ser cura. Me enseñaron a esforzarme por comprender, y me descubrieron que en cada corazón se esconde un maravilloso tesoro, y que merece la pena cavar. Años después, mis chavales conducen, trabajan o van a la Universidad. No importa, serán siempre “mis niños” y yo sigo siendo “il don” (osea el cura). Hay gente maravillosa, que merecen ser queridos.
Encontré también el mejor equipo del mundo, amigos que me enseñaron a trabajar, a entregarme, a hacerme pequeño y al mismo tiempo a hacer necesario mi ministerio. Encontré a quienes supieron apoyarme en los momentos de dolor y con quienes pudimos reírnos en medio del esfuerzo y el cansancio. Años después, casados ya y con distintas preocupaciones y esfuerzos, siguen siendo mis amigos y me hacen sentir de nuevo en casa.

Y diréis que a qué vienen estas confesiones.
Un cura va y viene, marcha de un lugar a otro y parece no tener casa fija. Yo mismo, en mis pocos años me he mudado ya varias veces. Es difícil, pero uno aprende que vivir es peregrinar y que al peregrinar, en cada paso se deja detrás algo de sí y se lleva algo de los demás.
Yo no puedo más que dar gracias a Dios. Hoy recuerdo Roma, pero podría recordar cada una de los lugares y las personas que he conocido en mi camino y siempre, siempre, tendré que agradecer a Dios lo que he podido dejar y lo que me he llevado... y sobre todo, saber que mi casa cada vez es mayor.
Es cierto que “mi mancano”, que los echo de menos... pero he aprendido que la gente que se ama no se queda en el camino, uno los lleva siempre consigo y algo de uno permanece en ellos. Y la mayor lección es que por eso, precisamente por eso, merece la pena servir, dar, entregarse uno mismo... amar (aunque a veces duela).
Doy gracias a Dios, por cada momento aprovechado, por cada palabra, cada risa, cada lágrima y cada abrazo compartido en aquellos tres años. Y pido perdón si perdí algún minuto y si me dediqué a algo que no fuese querer a los que entonces tenía a mi lado y a los que después debía tener.
Roma me enseñó a aprovechar cada momento, cada oportunidad de amar a quienes sigo conociendo en mi camino y entran a formar parte de él. No sé que será mañana de mí, pero sé que ayer en Roma estaba en casa, y sé que hoy, aquí en Jerez, también lo estoy.

9 cosas que me dicen:

Guerrera de la LUZ dijo...

Qué reflexión tan preciosa padre...

Y qué importante. Estamos en cada momento donde el Señor nos quiere y nos necesita xa servirle.

Un abrazo.

Padre x cierto, xf cuando tengas un ratito, te puedes pasar x mi blog?, el otro día tuvimos un debate sobre el SIDA y la Iglesia y necesitamos la opinión de un sacerdote.Es algo largo, xo te agradecería mucho si te lo pudieras leer x encima.

Muchas gracias.

http://luchadetitanesenlaluz.blogspot.com/2008/12/respuesta-las-notas-de-quique-de.html

Gloria dijo...

Padre me encanta eso que compartes las cosas desde tu corazòn, lo que sientes lo que te conmueve, asì deberìa ser.
Entiendo que Roma fue especial para tì, aprendiste mucho pero siempre tendràs esa vivencia, y que lindo que te sientas como en casa.No tiene nada de malo compartir lo que uno piensa y siente, que Dios te bendiga, Gloria

Anónimo dijo...

estamos en casa..siempre en casa aunq no lo estemos....
ayer fui de visita a dos casas en ambas me sentia asi>!
gracias....estas son las palabras q ayer desearia haber encontrado y expresarselas a esas dos personas...
q aun sigo de anonim@

X dijo...

Eres muy afortunado si allá donde vayas te sientes en casa. En parte a mí me pasa lo mismo, aunque la otra parte me invita a partir cada vez con más fuerza.

Luzzy Duran dijo...

No hay nada como regresar al lugar de origen y que mejor si puedes encontrar otro lugar especial para considerarlo como casa (mi casa podria ser cualquier lugar, por que dios esta en todos lados, te diria siendo ya un poquito más religiosa jeje,) muchos saludos y abrazos!!

Anónimo dijo...

Interesante, tantos hombres juntos nunca termina bien.

Arganor dijo...

Yo al volver de Asis también lloré.
Pero nunca estamos solos, siempre hay alguien, hay muchos ángeles que nos acompañan, a veces nos damos cuenta, otras veces no, pero hay que dejarse ayudar, somos débiles y fuertes a la vez.

Un fuerte abrazo, me alegro de conocer algo más de ti.

Un cura dijo...

Guerrera de la Luz, siempre tan agradable, me alegro de que te guste mi reflexión. Me pasaré por tu blog, a ver si os sirve mi opinión. Muchas gracias.

Gloria, a mí también me gusta compartir desde mi corazón. Muchas gracias.

Anónimo, o anónima, bienvenida siempre, me alegra que sigas pasando por aquí.

X, llevas razón, la verdad es que soy muy afortunado. Gracias por tu visita y tu comentario.

No es una tontería lo que dices, Luzzy Duran. Dios está en todos lados y así, nuestra patria, nuestra casa es grande. Un abrazo y gracias.

Anónimo 2, no he comprendido lo que querías decir ¿tantos hombres juntos nunca termina bien? Ya me lo explicarás. Gracias por el comentario, de todos modos.

Arganor, he estado muchas veces en Asís, es otro lugar maravilloso. Buena reflexión. Un abrazo fuerte. Muchas gracias.

Gracias a todos.

Myriam dijo...

Soy profesora y lo comprendo porque me he sentido así, siento que he dejado algo en cada alumno y que ellos me han dejado mucho más. Que la amistad y el amor no mueren, a menos que la matemos. Y que la esperanza nunca muere.
Gracias padre por compartir y haber avivado mis recuerdos.