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sábado, 15 de agosto de 2009

La historia de un mantel o de cómo Dios trabaja de forma silenciosa

No es un cuento, sino la historia real de un Sacerdote, al que encomendaron una parroquia en los suburbios de Brooklyn, New York y que me parece realmente una historia digna de compartir y aprender.
Llegó a comienzos de octubre, entusiasmado con su primer nombramiento, aunque consciente de lo difícil de su tarea, porque cuando llegó a la iglesia se encontró un lugar en pésimas condiciones y que requería de mucho trabajo de reparación, antes de poder abrirla al culto.
Se fijó la meta de tener todo listo a tiempo para la Nochebuena. Trabajó arduamente con la comunidad, reparando los bancos, enfoscando las paredes, pintando todo de nuevo, etc., y para el 18 de diciembre ya había concluído con casi todos los trabajos, adelantándose a la meta trazada y preparando la apertura de la Iglesia para la Navidad.
Pero el 19 de diciembre cayó una terrible tempestad que no permitió el acceso durante dos días. El día 21 el sacerdote fue a ver la iglesia asustado y casi lloró lleno de rabia cuando vio que el agua se había filtrado a través del techo, cayendo buena parte de la pared frontal de la Iglesia, exactamente detrás del púlpito, dejando un hueco que empezaba como a la altura de la cabeza.

Entre enfurecido y descorazonado, el sacerdote limpió el desastre en el suelo y no sabiendo qué más hacer sino posponer el servicio de Nochebuena, salió para su casa.

En el camino encontró un pequeño local donde se vendían objetos de segunda mano con fines caritativos, e intentando distraerse de la tragedia de su parroquia decidió entrar. Uno de los artículos que encontró era un hermoso mantel hecho a mano, color hueso, con un trabajo exquisito de aplicaciones, bellos colores y una cruz bordada en el centro. Aquel mantel tenía justamente el tamaño adecuado que podría cubrir el hueco en la pared dañada. Lo compró y regresó a la iglesia corriendo entusiasmado.

Al llegar se cruzó con una mujer mayor iba corriendo tratando de alcanzar el autobús, pero lo perdió. Había comenzado a nevar. El sacerdote la invitó a esperar en la iglesia, donde había calefacción, porque el próximo autobús tardaría cuarenta y cinco minutos más en llegar.
La señora se sentó agradecida en un banco, mientras el sacerdote buscaba una escalera, ganchos, etc., para colocar el mantel como tapiz en la pared.
Aunque no era lo ideal, el sacerdote apenas podía creer que aquel mantel quedase realmente bonito colgado sobre la pared, y cubría todo el hueco, disimulando el estropicio. Contento, se volvió a la mujer que había entrado con él y la descubrió caminando hacia donde él se encontraba. Su cara estaba blanca y preguntó: "Padre, ¿Dónde consiguió usted ese mantel?”.
El padre le explicó cómo lo había comprado. La mujer le pidió que mirase la esquina inferior derecha del mantel para ver si, bordadas allí, estaban las iniciales EGB. Y sí, allí estaban... eran las iniciales de la mujer, que había hecho ese mantel 35 años antes, en Austria.
La mujer apenas podía creerlo, le explicó llorando emocionada, que antes de la Segunda Guerra Mundial, ella y su esposo tenían una posición económica holgada en Austria. Cuando los Nazis llegaron, se vieron en la necesidad de huir para proteger sus intereses y sus vidas. Pero, antes de que ella pudiese huir, fue capturada, enviada a prisión y nunca volvió a saber de su esposo, ni de su hogar.

El sacerdote, la llevó en el coche hasta su casa y se ofreció a regalarle el mantel, pero ella lo rechazó diciéndole que era lo menos que podía hacer después de la amabilidad que él había tenido con ella y que el hecho de encontrarlo había sido ya un regalo y que seguro que podría darle mejor uso.

Así, la Iglesia estaba lista el día de Nochebuena. La Misa fue bellísima, la música y el espíritu que reinaban eran increíbles. La parroquia estaba casi llena. Al terminar, después de ir despidiendo a todos, el sacerdote se fijó en un hombre mayor del vecindario que no se movió del banco donde estaba sentado, en silencio el hombre lloraba.
Se acercó a él para ver qué le ocurría y el anciano le preguntó dónde había obtenido ese mantel que estaba en la pared del frente, porque era idéntico a uno que su esposa había hecho años atrás en Austria. Le relató cómo llegaron los Nazis y cómo se prepararon a huir, pero antes de poder escapar, él había sido arrestado y enviado a prisión. Nunca volvió a ver a su esposa.

El sacerdote emocionado le preguntó si le permitiría llevarlo con él a dar una vuelta. Se dirigieron en coche hacia Staten Island, parando en la misma casa donde había llevado a la mujer tres días antes. Ayudó al hombre a subir los tres pisos de la escalera que conducían al apartamento de la mujer. Llamó a la puerta y presenció el más hermoso encuentro de Navidad que pudo haber imaginado.

La historia la relata el sacerdote, Rob Reid, que simplemente aprendió aquel día que Dios trabaja de forma silenciosa (aunque a veces nos parezca un poco lento -este añadido de la conclusión es mío-).

7 cosas que me dicen:

Angelina O dijo...

Una historia muy muy bella, de cómo Dios trabaja de forma silenciosa y les habla a los seres humanos en su corazón.
Se me ocurre que aquella mujer tejió el mantel con su cruz pensando en Dios, y Él lo recibió. El marido extraviado oró a Dios, y Éste le escuchó. Y el buen sacerdote con tan buena voluntad, iba realizando paso a paso los dictados de Dios, aún sin saberlo. Hasta el cielo con su tormenta estaba confabulado con el propósito divino de reunir de nuevo a aquellos devotos suyos, para felicidad de todos.
En verdad que Dios es el mayor tesoro, ¡no hay nada que se le resista!

Julio Cárdenas dijo...

Realmente bonito, como todas las cosas del Señor. ¡Cristo vive! Yo también me lo encontré hace ya muchos años por el Camino.

Ralph dijo...

La verdad que es una bonita historia, demuestra como los hombres nos cuesta comprender la forma de actuar de Dios.

Anónimo dijo...

!Muy bonita historia,leer cosas asi es maravilloso, y cuando esto sucede piensa [es verdad! Dios exise!¨, pero luego volvemos a la vida cotidiana y se nos olvida [Dios, hasta que sucede algo que nos hace pensar en el otravez o cuando necesitamos de su ayuda. Esto me sucede solo a mi. porque no he encontrado el camino verdadero ????, no lo se pero me encanta leer articulos asi.

Un cura dijo...

Angelina O, ciertamente, ante Dios... ¿qué podemos buscar? Gracias por tu comentario.

Gracias también a ti, Julio Cárdenas y ánimo en tu camino.

Ralph, a menudo deberíamos fiarnos más de Dios y querer comprenderle menos.

Anónimo... Dios en la vida cotidiana, ese es el único secreto de los grandes santos. Gracias.

maria D dijo...

Estoy totalmente conmovida...Dios le puso una gran prueba al sacerdote sin el saber para la mision tan hermosa que abia sido enviado a ese lugar...Dios nos manda pruebas y nos pone cosas sorprendentes enfrente pero muchas veces nos sabemos apreciar ni valorar todo lo tenemos y no apreciamos a las personas a nuestro alrededor...Dios bendiga a este padre que fue el conducto de tar bello reencuentro

alex dijo...

Una historia preciosa... pero tan real como la de los panes y los peces