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domingo, 22 de mayo de 2011

Una comida diferente

En el ABC Sevilla 08/11/2010, encontré este artículo de Francisco Robles. 

PAGÓ la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia, de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta. Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.
Entró en un local que le pareció un restaurante modesto pero con encanto, iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad no era un restaurante, sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del arte povera. De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que quien le servía la comida en la bandeja era una monja. Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara: pobres.
Quiso retirarse pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que de segundo había filete empanado, que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor y bien vestido comía en silencio sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida, había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía adónde ir, menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo, «al final he tenido suerte en la vida, compañero, así que no te agobies, que de todo se sale…»
No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos. Al salir no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve. «Vuelve cuando lo necesites y si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza».

5 cosas que me dicen:

Anónimo dijo...

Me encanta este relato. Es la pura realidad de hoy en día. Nadie más que la Iglesia está atendiendo a las necesidades de tanta gente que sufre por la crisis. Es reconfortante saber que hay creyentes que ayudan a sus hermanos sin mirar carnets politicos.

Eos dijo...

Me gusta ;-)

David Samayoa dijo...

Aqui en Guatemala se ha mal utilizado la ayuda social, siempre he dicho que la pobreza la crean los ricos, yo no soy ni pobre ni rico, trabajo para un rico y pago impuestos para los pobres, pero para mi no hay mas que el sudor y el orgullo de que trabajo y pago por mi comida, la ayuda social es importante para gente que realmente no puede ejercer un trabajo, como un anciano o una persona sin extremidades, o una persona que tenga problemas mentales, pero cuando una persona tiene facultad de trabajar a esta hay que ayudarla, no dándole de comer de gratis, hay que ayudarle a encontrar un trabajo digno para ganarse la comida... Saludos, tiempo sin revisar tu blog...

roncuaz dijo...

Mi comentario no tiene mucho que ver con este tema concreto sino con tus intuiciones sobre Roma. Me ha sido muy valioso tu blog estimado padre: sencillo, cercano y bondadoso. Un saludo desde el Perú. Yo tuve la bendición de vivir cinco meses en Roma estudiando en el Juan Pablo II presso Laterano... y comparto muchísimas de tus impresiones. Ho vissuto la stessa cittá piena di storia e di storie di tanti, piena di gatti grossi e di caffé... ho sentito tutte le lingue del mondo nel metro e nell`autobus, ho mangiato como te quella pizza a taglio piegata a accompagnata da una Peroni seduto alla fontana o a piazza Spagna... Grazie tante per le tue intuizioni tanto romane, vive e disordinate, come dicono a Roma: "tutto a posto ma niente in ordine"... Preghiere pero questo laico sposato e padre di quattro bimbi... ti ringrazio anche perche mi hai fatto conoscere Caparezza...
a presto Don Lorenzo

Un cura dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios.
Anónimo, no dudes nunca que los creyentes no miran carnets (y si alguno lo hace no es buen creyente).

Gracias Eos.

Gracias David, hace tiempo que no te escribía en tus comentarios. Gracias por compartir con nosotros tu experiencia.

Roncuaz, è un piacere trovare qualcuno con chi condividere tanti ricordi. Un abbraccio e grazie.