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jueves, 18 de octubre de 2012

Habla


El profeta gritaba con toda su voz en la gran plaza de la ciudad.
Era decidido, distinto, prometedor... y todos se quedaron admirados al escucharlo.
La ciudad debía cambiar. Todos lo escuchaban boquiabiertos y lo seguían.
Pero poco a poco empezó a gritar que ellos también debían cambiar. Así muchos dejaron de interesarse en su mensaje.
Pero él seguía gritando aunque tan sólo quedaban unos pocos dispuestos a escucharle...
Y él seguía gritando, mientras todos se iban marchando e iba a quedarse solo.
Y se quedó solo y él seguía gritando.
Después de varios días gritando en la gran plaza sin que nadie lo siguiera, alguien se acercó y le preguntó: “¿Para qué tantas voces si nadie te escucha?”
Y la voz del profeta sonó con más fuerza: “Si yo me hubiera callado, ellos me habrían cambiado a mí”.